martes, 9 de junio de 2026

INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN LA ENCÍCLICA MAGNIFICA HUMANITAS Y LA NECESIDAD DE SU GOBERNANZA POR LEY DE LA NACIÓN.-

 




 INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN LA ENCÍCLICA MAGNIFICA HUMANITAS Y LA NECESIDAD DE SU GOBERNANZA POR LEY DE LA NACIÓN.-

 

Juan Pablo Capón Filas[1]


Articulo publicado en elDial.com el 9 de junio de 2026: Citar elDial DC3858

 

I. Introducción.

 

El 25 de mayo de 2026, el Vaticano publicó oficialmente Magnifica Humanitas («Magnífica Humanidad»), la primera carta encíclica del pontificado de Su Santidad el Papa León XIV.

Firmada simbólicamente el 15 de mayo de 2026 en conmemoración del 135º aniversario de la histórica encíclica social Rerum novarum de León XIII (1891)[2], este documento se erige como un manifiesto ético y teológico de la Iglesia Católica frente a la tecnología digital conocida como Inteligencia Artificial (IA).

La encíclica, además de la eminente cuestión filosófica y pastoral, puede analizarse desde las Ciencias Jurídicas, en atención a que el Papa sostiene y justifica la necesidad de la regulación legal de la IA.

Frente al debate sobre la conveniencia o no de gobernar la IA, la encíclica adopta decididamente la postura a favor de la Gobernanza por normas jurídicas de la IA, además de exhortar a los desarrolladores de los modelos a asumir la responsabilidad de resguardar la humanidad.

León XIV, matemático y experto en Derecho Canónico, introduce la encíclica planteando una disyuntiva moral profunda para la era digital: la humanidad debe elegir hoy entre la "Torre de Babel" —un desarrollo tecnocrático centralizado y excluyente, donde las personas hablan distintos idiomas, es decir es una metáfora del desencuentro humano, con la imposibilidad de percibir a los otros como hermanos y parte de un destino común— o la comunión de "Jerusalén", donde la técnica se somete a la fraternidad y a la justicia.

La Inteligencia Artificial puede ser una nueva Biblioteca de Babilonia, que reúna todo el saber humano en un modelo de IA o puede ser una Torre de Babel, que destroce la unidad de la humanidad.[3]

La metáfora de la Biblioteca de Babilonia tiene además relación con la obra del escritor argentino Jorge Luis Borges, un inolvidable y querible creador de historias.

En su relato "La Biblioteca de Babel" (Ficciones, 1944), Borges imaginó una biblioteca infinita que contiene todos los libros posibles, todas las combinaciones de letras y símbolos, todo el saber y todo el sinsentido del universo.

La IA generativa de nuestros días parece aproximarse a esa visión: un vasto repositorio de información humana, capaz de generar texto sobre cualquier tema, pero sin comprender —como advierte la encíclica— el sentido último de lo que produce. Borges, que dirigió la Biblioteca Nacional Argentina durante muchos años y concebía el paraíso como una biblioteca, habría comprendido con lucidez esta paradoja: la abundancia de información no garantiza la búsqueda de la verdad, que sigue siendo, como enseña la encíclica, una tarea radicalmente humana.[4]

 

II.- Conceptos centrales de la encíclica en referencia a la Inteligencia Artificial.

 

El capítulo tercero, titulado "Técnica y Dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA", expresa los conceptos esenciales del Papa León XIV sobre la ciencia e ingeniería de la creación de máquinas inteligentes, que es la definición que el eminente Profesor John McCarthy concibió para conceptualizar la inteligencia artificial, en la época del nacimiento de esta disciplina científica.[5]

Sostiene la encíclica papal:

 

"El paradigma tecnocrático y el poder digital

 

92. En la Encíclica Laudato si' el Papa Francisco denunciaba el creciente afianzamiento de un paradigma tecnocrático en el mundo globalizado: la tendencia a dejar que la lógica de la eficiencia, del control y del lucro gobierne por sí sola las decisiones personales, sociales y económicas. Así se manifiesta con mayor evidencia que la técnica no es un simple instrumento y que, cuando se vuelve criterio, termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz.[6]

93. Este paradigma se ha extendido rápidamente en los últimos años, también como efecto de la difusión de la IA, las ciencias cognitivas, la nanotecnología, la robótica y la biotecnología. En sí mismas, dichas innovaciones pueden ser una gran ayuda para el desarrollo humano integral y el cuidado de la Casa común. Pero, precisamente por su poder, pueden actuar como un acelerador del paradigma tecnocrático y, por ello, necesitan un nuevo marco espiritual, ético y político. Más poderoso no significa necesariamente mejor. En este sentido, siguen siendo actuales las palabras de Romano Guardini: «El hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto»."[7]

 

La advertencia de Romano Guardini la podemos leer junto con una de las obras fundacionales de la literatura occidental: Frankenstein (1818), de Mary Shelley. La novela narra la historia de Víctor Frankenstein, un científico que, impulsado por la ambición desmedida de dominar los misterios de la vida, crea un ser que escapa a su control y termina convirtiéndose en fuente de su propia destrucción. Shelley, con prodigiosa lucidez, puso en el centro de su relato la misma cuestión que plantea la encíclica: el verdadero peligro no reside en la invención, sino en la ausencia de responsabilidad moral del creador hacia lo que ha engendrado. La analogía con los sistemas de Inteligencia Artificial que hoy "crecen" sin que sus propios diseñadores comprendan del todo sus procesos internos —tal como reconoce el párrafo 98 de la encíclica— hace de Frankenstein una referencia literaria ineludible para la nueva era digital.[8]

Los párrafos precedentes son relevantes, endiosar la eficiencia, el control, la persuasión de la voluntad de las personas considerándolas como instrumentos y no como fines en sí mismas, es lo contrario a concebir al ser humano como centro del sistema social, es privar de dignidad a la persona humana, cuestión que evidencia que las posiciones materialistas no logran receptar los valores de Verdad, Justicia, Solidaridad, Cooperación, Fraternidad, que son esenciales en la vida en sociedad.

Rodolfo Ernesto Capón Filas, al concebir la Teoría Sistémica del Derecho Social sostuvo que los valores Justicia Social, Solidaridad y Cooperación son los valores fundantes del sistema jurídico y las normas y conductas de los actores sociales deben respetar y expresar estos valores, que son directamente operativos y absolutos.[9]

La posición humanista de la encíclica es correcta y muy valiosa en un mundo en donde parte de las elites globales parecieran destacar y hasta endiosar los disvalores disfuncionales de la fama, el éxito y el poder, despreciando la Igualdad, la Justicia Social y la Dignidad de las personas, dejando de lado la responsabilidad de los que más tienen y más saben de ayudar a otros a subsistir en un mundo cada día más fragmentado.

La crueldad, el odio, la violencia argumental, la velada y oblicua cosificación de las personas como instrumentos y no como fines en sí mismas son los aspectos más regresivos de una triste época del siglo XXI.

Mientras que las dos primeras décadas del siglo XXI fueron relativamente pacíficas, luego del fin de la historiapregonado por Francis Fukuyama, la pandemia inauguró una oscuridad creciente, un invierno de ideas, de actitudes, de guerras, de conflictos evitables, de olvido de la cuestión social, de creciente individualismo y materialismo.

Ante las opacas nuevas cosas, ante la pérdida de sentido, la voz del Papa suena fuerte, clara y luminosa.

Continúa la Encíclica:

 

"94. El peligro de que la humanidad sea víctima de sus propias conquistas había sido ya percibido con lucidez por san Pablo VI, cuando advertía que «los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados de un auténtico progreso social y moral, se vuelven, en definitiva, contra el hombre».[10] Por eso el progreso técnico, valioso en sí mismo, requiere un discernimiento sobre la visión antropológica que lo guía y los fines que persigue. Si el desarrollo tecnológico avanza sin una adecuada maduración ética y social, puede suceder que aumenten los medios sin que crezca en la misma medida la humanidad: se "tiene más", pero no se "es más", y la persona corre el riesgo de ser valorada principalmente en base al rendimiento que ofrece".[11]

 

En el gran y clásico libro "Tener o Ser", el profesor Erich Fromm planteó con claridad la encrucijada en la que se encuentra toda persona humana en el crecimiento personal a lo largo de la vida, entre elegir ser o pretender tan solo tener.[12]

La encíclica plantea con claridad la disyuntiva ética entre el Tener y el Ser.

En la música popular, con sencillez y con enorme belleza poética, Piero nos cantaba, en nuestra juventud: "Yo soy".[13]

La tensión entre el ser y el tener, tan certeramente planteada por Fromm, es también el eje de dos obras imprescindibles de la literatura distópica del siglo XX que dialogan directamente con las preocupaciones de la encíclica.

En "Un mundo feliz" (1932), Aldous Huxley describe una sociedad tecnológicamente perfecta donde la felicidad ha sido reducida a consumo y placer inmediato; los seres humanos están programados para tener —objetos, sensaciones, distracciones— pero han sido despojados de toda posibilidad de ser, de crecer, de padecer, de elegir.

Orwell, en 1984 (1949), mostró el lado más brutal de ese mismo proceso: el poder tecnológico como instrumento de vigilancia y de aniquilación del pensamiento libre. La encíclica Magnifica Humanitas advierte que la Inteligencia Artificial, sin un marco ético y espiritual adecuado, puede convertirse en un acelerador de esas mismas patologías: la trivialización del ser humano en datos y rendimiento, y la concentración del poder en pocas manos que definen invisiblemente las reglas de lo posible.[14]

La tecnología digital del momento presenta un gran potencial para el desarrollo humano, pero deberá ser desarrollada teniendo en miras el ser humano, con su simpleza, sus complejidades y con su intrínseca dignidad.

Continúa la encíclica:

 

"La inteligencia artificial

 

97. No es mi intención ofrecer aquí un tratado sobre la inteligencia artificial, ni recorrer una bibliografía que ya es muy amplia; existen actualmente contribuciones importantes, también en el ámbito eclesial, a las que es posible hacer referencia. Me limito a recordar algunos elementos esenciales para un discernimiento moral y social que proteja el primado de la persona, con el fin de que sea siempre la inteligencia humana, con su conciencia y su libertad, la que guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites.[16]

98. Es oportuno anteponer dos consideraciones: la primera es que cualquier afirmación sobre la IA corre el riesgo de quedar obsoleta en poco tiempo, dada la impresionante velocidad de desarrollo de estos sistemas. En segundo lugar, todos nosotros, incluidos quienes los diseñan, sabemos muy poco sobre su funcionamiento efectivo. Las inteligencias artificiales modernas están más "cultivadas" que "construidas": los desarrolladores no diseñan directamente cada detalle, sino que crean una arquitectura sobre la cual la IA "crece". En consecuencia, los aspectos científicos fundamentales —como las representaciones internas y los procesos computacionales de estos sistemas— siguen siendo desconocidos. Se manifiesta, por tanto, la urgencia de un doble compromiso: por una parte, una profundización de la investigación científica; por otra, un ejercicio de discernimiento moral y espiritual.

99. No es posible dar una definición única y completa de la IA. Lo que podemos decir es que hay que evitar el equívoco de equiparar esta "inteligencia" a la humana. Estos sistemas imitan ciertas funciones de la inteligencia humana. Al hacerlo, a menudo la superan en velocidad y amplitud de cálculo, ofreciendo beneficios concretos en numerosos campos. Y, sin embargo, esta potencia sigue ligada exclusivamente al tratamiento de datos: las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias. Pueden imitar lenguajes, comportamientos, valoraciones; pueden simular empatía o comprensión, pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio. Incluso cuando dichos instrumentos se presentan como capaces de "aprender", lo hacen de modo diferente al de la persona humana. No es la experiencia de quien se deja modelar por la vida y crece en el tiempo por medio de decisiones, errores, perdón y fidelidad; es más bien una adaptación estadística a partir de datos y retroalimentaciones, que puede ser muy eficaz, pero no implica un crecimiento interior."

 

Jeffrey Hinton, considerado uno de los "padrinos" de la Inteligencia Artificial, Premio Nobel de Física en 2024, explica con claridad que lo que se ha desarrollado es esencialmente la arquitectura de los modelos, los algoritmos de aprendizaje, pero una vez que dichos algoritmos se encuentran con los datos, ni los propios desarrolladores de los sistemas saben a ciencia cierta lo que ocurre. En algún sentido la IA continúa siendo un misterio, aun para los mismos diseñadores de los sistemas y modelos de frontera.[17]

La encíclica con acierto expresa un concepto clave, es tan dinámica la IA que es posible que las afirmaciones que hoy realizamos al respecto queden desactualizadas al poco tiempo, lo que torna dificultoso para los seres humanos aceptar la enorme incertidumbre que esta tecnología origina para el futuro de la humanidad.

Continúa la encíclica:

 

"Una ayuda valiosa que requiere atención

 

100. A la luz de cuanto se ha dicho, podemos comprender mejor por qué la IA puede ser una valiosa ayuda y, al mismo tiempo, exija un enfoque prudente y cauteloso. En los últimos años su uso privado ha crecido notablemente, y desde distintos ámbitos se reflexiona sobre las oportunidades y los riesgos vinculados a su rápida difusión. En el uso personal, tres aspectos, en particular, deben ser tenidos en especial consideración: la facilidad para lograr el resultado, la impresión de objetividad y la simulación de la comunicación humana. La velocidad y la sencillez con la que es posible obtener indicaciones, elaboraciones complejas, contenidos mediáticos y formas de asistencia concreta simplifican nuestras vidas, pero también pueden acostumbrarnos a delegar demasiado y a buscar respuestas rápidas, debilitando el juicio personal y la creatividad. La impresión de objetividad que las respuestas y las propuestas de estos sistemas pueden suscitar, corre el riesgo de hacernos olvidar que estas reflejan los parámetros culturales de quienes las han proyectado y adiestrado, con todas sus virtudes y defectos. La imitación artificial de una comunicación humana positiva —palabras de consejo, de empatía, de amistad, de amor— puede resultar gratificante e incluso útil, pero en usuarios poco conscientes puede inducir a engaño y dar la falsa impresión de estar en una relación con un auténtico sujeto personal. Cuando la palabra es simulada, esta no construye una relación, sino una apariencia. La imitación artificial de la relación de cuidado o de acompañamiento puede ser peligrosa cuando se introduce en un contexto pobre de relaciones y de afectos reales; entonces el riesgo no es tanto que una persona crea que está hablando con otra persona, sino que pierda el deseo mismo de buscar realmente al otro.

101. Ampliando la mirada al uso de la IA en nuestras sociedades, constatamos que ya está presente en procesos de decisión en todos los ámbitos y a diversos niveles: en la comunicación, la gestión y el control. Las ventajas en términos de eficiencia y las potencialidades de mejora de algunos servicios son evidentes; sin embargo, una adopción rápida y acrítica nos expone a diversos riesgos, como el de subestimar el impacto ambiental. Los actuales sistemas de IA requieren grandes cantidades de energía y agua, inciden de manera significativa en las emisiones de anhídrido carbónico y consumen recursos de manera intensiva. Con el aumento de la complejidad, sobre todo en los grandes modelos lingüísticos, crecen también las necesidades de potencia de cálculo y capacidad de almacenamiento, que se apoyan en un conjunto de máquinas, cables, centros de datos e infraestructuras consumidoras de energía. Por eso es esencial desarrollar soluciones tecnológicas más sostenibles para reducir el impacto sobre el medioambiente y cuidar nuestra Casa común".[18]

 

La encíclica con claridad estudia la inusitada adopción sin un adecuado pensamiento crítico que de estas tecnologías digitales realiza gran parte de la sociedad, sociedad además que adolece de una crisis de soledad, donde las personas cada día están más aisladas, donde las amistades se reducen y disuelven en la falsedad y la inautenticidad.

Las personas lentamente se convierten en islas ajenas a la grata convivencia y al sentido de pertenencia a una comunidad.

En la sociedad de la soledad, la IA puede ocupar un espacio de compañía personal, pero es tan solo una apariencia virtual y esto es relevante: comprender que la comunicación con la IA es tan solo un pobre reflejo de una verdadera comunicación humana.

La referencia a los costos ecológicos en energía eléctrica y agua que formula la encíclica es absolutamente correcta y está basada en datos objetivos y probados. La IA origina y originará daños ambientales profundos, que urge conjurar para que la industria pueda desarrollarse sustentablemente.

La encíclica desarrolla posteriormente conceptos absolutamente claros.

Invitamos a escuchar con atención estas palabras:

 

"Responsabilidad, transparencia y gobernanza de la IA

 

102. El uso de la IA nunca es un hecho puramente técnico: cuando entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad. Las decisiones delicadas que repercuten en el trabajo, el acceso a créditos y a otros servicios, y la reputación de las personas, corren el riesgo de ser confiadas completamente a sistemas automatizados que no conocen «la compasión, la misericordia, el perdón y, sobre todo, la apertura a la esperanza de cambio en el individuo» pudiendo así producir nuevas formas de descarte. Puede haber usos evidentemente antihumanos, como la manipulación de la información o la violación de la privacidad, pero puede haber también un engaño menos evidente, cuando los sistemas de IA, presentándose como neutrales y objetivos, reflejan y refuerzan estereotipos o posiciones ideológicas de quienes los han diseñado y programado.[19]

103. Confiar, en la práctica, a un algoritmo el poder de seleccionar quién es digno y quién no, sin que nadie asuma el peso de la decisión, significa encomendarle la tarea de redefinir los límites de las posibilidades humanas. Lo que disminuye, en este proceso, no es sólo la empatía hacia el excluido, que puede ser imitada artificialmente, sino la responsabilidad política, porque el descarte de los débiles queda revestido de una neutralidad y una objetividad ante las cuales es imposible protestar. Y, de ese modo, la injusticia se realiza silenciosamente y la compasión, la misericordia y el perdón, no como simple apariencia, sino como gestos políticos, desaparecen del horizonte.

104. De esto se deriva una consecuencia sencilla pero apremiante: no podemos considerar a la IA como moralmente neutra. En realidad, todo artefacto técnico lleva consigo decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y situaciones. Si un sistema se concibe o emplea tratando algunas vidas como menos dignas, o las excluye sin posibilidad de apelación, no es un simple instrumento que "hay que usar correctamente"; introduce ya un criterio que contradice la dignidad inalienable de la persona. Por eso, el discernimiento ético no se puede limitar a preguntarse si usamos un determinado sistema para un fin bueno o malo, sino que debe interrogarse también sobre el modo en el que está diseñado y qué idea de persona y de sociedad queda inscrita en los datos y en los modelos que lo guían.[20]

105. Para que la IA respete la dignidad humana y sirva realmente al bien común, es esencial que las responsabilidades estén claras en todas las etapas: desde quienes diseñan y programan los sistemas hasta quienes los utilizan y quienes resuelven confiarles las decisiones concretas. En muchos casos, sin embargo, los procesos internos que conducen a un resultado pueden ser poco transparentes, y eso hace más difícil atribuir responsabilidades y corregir los errores. Es aquí donde se vuelve decisivo lo que llamamos "responsabilidad" (accountability): la posibilidad de identificar quién debe "rendir cuentas" de las decisiones, motivarlas, controlarlas y, cuando es necesario, cuestionarlas y remediar los daños que derivan de ellas.[21]

106. Pedir prudencia, controles rigurosos y, en ocasiones, también una ralentización en la adopción de la IA no significa estar en contra del progreso, sino ejercitar un cuidado responsable hacia la familia humana. Esta exigencia es aún más urgente porque existe a menudo un desequilibrio entre la velocidad del desarrollo tecnológico y el ritmo al que maduran la conciencia, las normas, los controles y las instituciones capaces de gobernar sus efectos. No basta invocar genéricamente la ética; se necesitan marcos jurídicos adecuados, vigilancia independiente, educación de los usuarios, una política que no renuncie a su tarea. De otro modo, el cambio será gobernado sólo por lógicas tecnocráticas y presentado como necesario e imprescindible, terminando por imponer reglas dictadas por quienes poseen datos, infraestructuras y capacidad de cálculo.

107. No podemos limitarnos a invocar la moralización de la máquina, la denominada "alineación" de la IA con los valores humanos, sin tener la valentía de poner una condición ulterior: la posibilidad de discutir el código ético que debe ser usado, sometiéndolo a criterios de justicia social compartida. De lo contrario, quien controla la IA impondrá su propia visión moral, que se convertirá en la infraestructura invisible de los sistemas. No serviría de nada una IA más moral, si esta moral es decidida por unos pocos. Se necesita una política más presente, capaz de ralentizar donde todo acelera y de proteger los espacios en los que las comunidades pueden seguir participando e interrogándose.

108. En efecto, como ocurre con todo gran avance tecnológico, la IA tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone de recursos económicos, competencias y acceso a los datos. A la luz del bien común y del destino universal de los bienes, este fenómeno suscita seria preocupación: pequeños grupos muy influyentes pueden orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio, contradiciendo la justicia social y la solidaridad entre los pueblos. Por eso es indispensable que el uso de la IA —sobre todo cuando involucra bienes públicos y derechos fundamentales— esté acompañado de criterios claros y controles efectivos, inspirados en la participación y la subsidiariedad; las comunidades y los cuerpos intermedios no pueden ser reducidos a destinatarios de decisiones tomadas en otros lugares, sino que deben poder contribuir al discernimiento y a la vigilancia. Además, la propiedad de los datos no puede confiarse sólo al sector privado, sino que debe reglamentarse. Estos son fruto del aporte de muchos y no pueden ser vendidos o confiados a unos pocos. Hace falta una creatividad capaz de gestionarlos como uno de los bienes comunes o colectivos, en la lógica del compartir, como ya sugería san Juan Pablo II a propósito de los bienes colectivos.[22]

109. Los principios de la Doctrina social nos ayudan a leer esta nueva realidad. En un mundo donde pocos sujetos concentran datos, capital informático y capacidad normativa, hablar de bien común significa desenmascarar esta nueva asimetría epistémica, económica y política, nombrando los nuevos monopolios de la IA. Hablar de destino universal de los bienes significa encontrar modos de asegurar el acceso universal a las tecnologías y a la formación. Hablar de subsidiariedad exige proteger la capacidad de las comunidades de decidir y corregir, sin relegar su intervención a una vigilancia posterior, una vez que los estándares hayan sido establecidos en otro sitio. Hablar de solidaridad obliga a reconocer el trabajo invisible, a menudo explotado, que alimenta los modelos algorítmicos. Hablar de justicia pide cuestionar las geografías del poder que definen quién puede programar los modelos y quién es sólo objeto de esa programación, y reconocer que la justicia social no es sólo un objetivo que hay que tutelar después de la adopción de las tecnologías, sino una condición que se debe poner en práctica desde su diseño.

110. Quisiera, por último, usar una palabra muy importante para mí: "desarmar". Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás. Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida. La tarea, hoy, no es sólo ética o técnica; es ecológica en el sentido más radical, porque interpela una nueva dimensión de nuestra Casa común. La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora.

111. Hago un vehemente llamamiento a quienes desarrollan sistemas de IA. La innovación tecnológica puede ser, en cierto modo, una forma humana de participación en el acto divino de la creación. Los desarrolladores llevan, por tanto, un importante peso ético y espiritual, ya que cada elección de proyecto expresa una visión de la humanidad. Así como el autor de una obra artística o literaria está obligado a considerar los valores que manifiesta, así también ellos están llamados a tratar con la debida seriedad los valores que infunden en sus proyectos: con transparencia, con responsabilidad hacia las comunidades involucradas y con atención a verificar que lo que se cultiva sea realmente un bien."

 

Los párrafos anteriores son de una enorme claridad y son fundamentos elegibles para una ágil Gobernanza, que ponga en miras al Ser Humano, como centro del sistema social.

El Papa plantea la importancia de regular la IA, con un sentido humano, con responsabilidad social, una regulación legal que preserve los derechos de las personas, con nobles fines preventivos y sin impedir ni retrasar la innovación.

La regulación legal deberá prevenir el descarte de las personas, deberá tener en miras que la tecnología no es neutra, que origina nuevas desigualdades a favor de los más poderosos, que nuevos flagelos como la cibervigilancia en los trabajos y en las escuelas no deberán ser tolerados, que cuando la IA es utilizada en temas tan sensibles como la administración de justicia o la contratación de personal se requieren normas legales razonables, que garanticen irrestrictamente los derechos constitucionales.

La IA deberá ser regulada y gobernada para resguardar el Bien Común, la Igualdad y la Justicia.

 

 

NOTAS:

1. Juan Pablo Capón Filas, abogado, Universidad del Salvador (1994), Diploma de Honor y Premio Vélez Sarsfield, ejerce la Abogacía desde 1994. En el año 1985 fue miembro del Grupo de Inteligencia Artificial de la Universidad Tecnológica Nacional. Miembro del Equipo Federal del Trabajo, Socio Honorario del Foro de Derecho del Trabajo, autor de numerosas obras jurídicas, siendo su última obra publicada la editada en el año 2024 titulada "Principios Constitucionales, Supremacía, Legalidad, Razonabilidad y Progreso", editorial elDial.com. Habitualmente publica artículos de doctrina en elDial.com y en el Blog del Equipo Federal del Trabajo. Ha participado como expositor en numerosos congresos y jornadas de Derecho del Trabajo en nuestro país y en el exterior. Ha sido expositor del Primer y del Segundo Congreso de Desarrollo Inteligente organizado en 2025 y en 2026 por el Consejo Económico y Social de Rio Cuarto, Provincia de Cordoba. El presente artículo ha sido publicado en el Blog del Equipo Federal del Trabajo.

2. La encíclica Rerum Novarum, se puede consultar en línea en: https://www-vatican-va.translate.goog/content/leo-xiii/en/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc

3. El Doctor Santiago Agustín Capón Filas, talentoso médico gastroenterólogo argentino, expresó verbalmente este concepto al autor de este artículo, días antes de la publicación de la Encíclica Papal.

4. Jorge Luis Borges, "La Biblioteca de Babel", en Ficciones (Buenos Aires: Sur, 1944). La analogía entre la Biblioteca de Babel y la inteligencia artificial generativa ha sido desarrollada, entre otros, en: Andrés Porras Chaves, "Releyendo a Borges en los tiempos de la IA", El Universal / Confabulario, 16 de junio de 2024. El profesor Andrea Colamedici, Profesor de la Universidad de Bolonia ha indagado con acierto sobre la vinculación de la obra de Borges y la Inteligencia Artificial, como puede verse en línea en https://www.perfil.com/noticias/educacion/borges-y-la-inteligencia-artificial-nuevo-curso-de-andrea-colamedici.phtml

5. El artículo publicado por la Universidad de Stanford analiza en detalle esta definición, de consulta en línea en: https://hai.stanford.edu/ai-definitions/what-is-artificial-intelligence-ai

6. Cf. Francisco, Carta enc. Laudato si' (24 mayo 2015), 106-109: AAS 107 (2015), 889-891.

7. R. Guardini, El ocaso de la edad moderna, Madrid 1963, 111.

8. Mary Shelley, Frankenstein (Editorial Colihue, en español, 2006). Sobre la vigencia de Frankenstein como referencia ética para la inteligencia artificial, véase: Artículo de Brisa Bujakiewicz, en Infobae, "Cómo Frankenstein, de Mary Shelley, anticipó los dilemas de la IA dos siglos antes de ChatGPT", 10 de noviembre de 2025.

9. Rodolfo Ernesto Capón Filas, en "El Nuevo Derecho Sindical Argentino", Librería Editora Platense S.R.L., La Plata, 1993, segunda edición, página 3. Los interesados en la obra de Rodolfo Capón Filas pueden consultar el blog del Equipo Federal del Trabajo, disponible en línea.

10. S. Pablo VI, Discurso en el 25º aniversario de la FAO (16 noviembre 1970): AAS 62 (1970), 833.

11. S.F. Francisco, Discurso al Consejo para un capitalismo inclusivo (11 noviembre 2019): L'Osservatore Romano, 11-12 noviembre 2019, 8.

12. Erich Fromm, "Tener o Ser", Fondo de Cultura Económica.

13. Piero, canción "Soy Pan, soy Paz, Soy Más", disco Calor Humano, 1981.

14. Aldous Huxley, Un mundo feliz (Penguin Clásicos, primera Edición en castellano, 2025); George Orwell, 1984(Editorial Nova, en castellano, 2023).

15. Juan Pablo Capón Filas, "Inteligencia Artificial: Gobernanza, Impacto en el Mundo del Trabajo y el Futuro de la IA", elDial.com, 29 de mayo de 2026, citar elDial DC3849. La conferencia de Juan Pablo Capón Filas del 28 de mayo de 2026, en el Segundo Congreso de Desarrollo Inteligente celebrado en Rio Cuarto, a iniciativa del Consejo Económico y Social de dicha Ciudad de la Provincia de Cordoba puede ser visualizada en YouTube. En dicha conferencia se destacó la necesidad de la Gobernanza de la IA para preservar los derechos humanos y con un rol esencialmente preventivo de los daños que puede ocasionar el mal uso de dicha tecnología.

16. Cf. Dicasterio para la Doctrina de la Fe – Dicasterio para la Cultura y la Educación, Nota Antiqua et nova (14 enero 2025): AAS 117 (2025), 159-210; Francisco, Mensaje para la 57º Jornada Mundial de la Paz (8 diciembre 2023): AAS 116 (2024), 54-64; Id., Mensaje para la 58º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (24 enero 2024): AAS 116 (2024), 261-266; Id., Discurso en la Sesión del G7 sobre la inteligencia artificial "un instrumento fascinante y tremendo" (14 junio 2024): AAS 116 (2024), 866-875; Comisión Teológica Internacional, Quo vadis, humanitas? Pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios futuros de la humanidad (9 febrero 2026); Mensaje para la 60º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (24 enero 2026): L'Osservatore Romano, ed. en lengua española, febrero 2026, 63-67.

17. Jeffrey Hinton, videos en YouTube donde expresa su posición científica y explica los riesgos de la IA, de corto y largo plazo, véase especialmente el video de agradecimiento del Premio Nobel, Estocolmo, 2024.

18. Cf. Dicasterio para la Doctrina de la Fe – Dicasterio para la Cultura y la Educación, Nota Antiqua et nova (14 enero 2025), 96: AAS 117 (2025), 201.

19. Francisco, Discurso en los "Minerva Dialogues" organizados por el Dicasterio para la Cultura y la Educación (27 marzo 2023): AAS 115 (2023), 465.

20. Cf. Dicasterio para la Doctrina de la Fe – Dicasterio para la Cultura y la Educación, Nota Antiqua et nova (14 enero 2025), 41: AAS 117 (2025), 178.

21. Cf. Ibid, 44-45: AAS 117 (2025), 179-180.

22. Cf. S. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus (1 mayo 1991), 40: AAS 83 (1991), 843.